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¿Qué opinas del cine peruano?
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Lista de películas y directores que han
marcado la historia del cine mundial (Escrito por Eduardo Ramos):
Citizen Kane (USA,1941) Orson Welles
8 ½ (Italia, 1963) Federico Fellini
El Padrino(1972) y El
Padrino II (1974) Francis Ford Coppola
Los Siete Samurais(Japón, 1954) Akira Kurosawa
Vértigo(USA,1959) Alfred Hitckcock
La Régle du jeu (1939)Jean
Renoir
Tokyo Story (1953)Yasujiro Ozu
Acorazado Potemkin(1925)Sergei
Eisenstein
Lawrence de Arabia (1962) Lean
Dr. Strangelove(1963) Stanley Kubrick
Ladrón de Bicicletas(1948)Victorio De Sica
Raging Bull( 1980) Martin Scorsese
Rashomon (1950) Akira Kurosawa
Sunrise (1927) Murnau
2001: Odisea en el Espacio (1968) Stanley Kubrick
Singin’in the Rain(1951) Kelly, Donen
Dodes’ka-den(Japon,1970) Akira Kurosawa
Blade Runner(USA, 1982) Ridley Scott
Gandhi(Gran Bretaña, 1982) Richard Attenborough
Ikiru, Vivir( Japón, 1952) Akira Kurosawa
Driving Miss Daisy(USA, 1989) Bruce Beresford
Touch of Evil (USA,1958) Orson Welles
How Green was my Valley( USA,1941) John Ford
Batman(USA, 1989) Tim Burton
Platoon(USA, 1986) Oliver Stone
Blazing Saddles (USA, 1974)Mel Brooks
El General(USA, 1962) Buster Keaton y Clyde Bruckman
Chinatown(USA, 1974) Roman Polanski
Late Spring (Japón, 1959) Yasujiro Ozu
The Wrong Man
(USA,1956 ) Alfred Hitchcock
E.T. (USA, 1982) Steven Spielberg
Pinocchio (USA, 1940) Walt Disney
Wings of Desire (Alemania ,1988) Win Wenders
Casablanca(USA, 1943) Michael Curtiz
La Rosa Púrpura del Cairo( USA, 1985) Woody Allen
The King of Comedy(USA, 1982) Martin Scorsese
North by Northwest (USA, 1959) Alfred Hitchcock
La Nuit Américana(Day After Night) (Francia, 1973 ) Francois Truffaut
Cries and Whispers(Suiza,1972) Ingmar Bergman
Taxi Driver((USA, 1975) Martin Scorsese
Psycho(USA, 1960) Alfred Hitchcock
Trono de Sangre(Japón, 1957) Akira Kurosawa
Cinema Paradiso (Italia, 1990) Guissepe Tornatore
Danza con Lobos
(USA, 1990) Kevin Costner
Boys N the Hood (USA, 1991) John Singleton
Yol (Turkia, 1981) Yilmaz Guney and Serif Goren
Tilai (Burkino Faso, 1990) Idrissa Ouedraogo
Bringing up Baby(USA, 1938) Howard Hawks
El Halcón Maltés (USA, 1941) John Huston
Roma, Ciudad Abierta (Italia, 1945) Roberto Rossellini
Ugetsu(Japón, 1953) Kenji Mizoguchi
MASH (USA, 1969)Robert Altman
Robocop( USA, 1987) Paul Verhoeven
Splash( USA, 1985) Ron Howard
Weekend(Francia,1967) Jean- Luc Godard
The Bank(USA, 1915) Charles Chaplin
The Magnificent Amberson( USA, 1942) Orson Welles
Othello ( Morocco, 1951) Orson Welles
La Dama de Shangai (USA, 1947) Orson Welles
Nanook of the North (Canada, USA, 1922) Robert J. Flaherty
Filmografía Glauber Rocha (Brasil):
Barravento(1962)
Deus e o Diabo na Terra do Sol (1964)
Terra em Transe (1967)
1968( 1968)
Cáncer(1972)
O Dragao da Maldade Contra o Santo Guerreiro (1969)
O Leao de 7 Cabecas
(1970)
Cabecas
Cortadas (1971)
Historia do Brasil (1973)
Claro (1975)
Di Cavalcanti ( 1977)
Jorjamado no cinema (1979)
A Idade da Terra (1980)
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Crítica
especializada de Cine
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HABLE
CON ELLA
película de Pedro ALmodóvar
Largo tiempo ha transcurrido desde que un realizador
inexperto y sin oficio llamado Pedro Almodóvar irrumpiera en la
escena cinematográfica española para convertirse en su principal
animador. A una primera y desenfadada etapa de aprendizaje, sucedería
inmediatamente un conjunto de obras cada vez más refinadas en el
lenguaje, de una vocación claramente experimental. Títulos claves de
la década de los 80 como ¿Qué he hecho yo
para merecer esto?, Matador, La ley del deseo
o Mujeres al borde de un
ataque de nervios dan cuenta de su muy bien ganado
prestigio y posicionamiento como uno de los íconos contraculturales
por excelencia de ese paradigma denominado posmodernidad.
Estoy convencido que muchos de esos jóvenes que en
su momento lo enarbolaron como héroe de culto, como francotirador
generacional, tuvieron al menos la oportunidad de obtener una noción
mucho más abierta y desprejuiciada de lo que es el cine gracias a
Almodóvar y sus películas. Eso, que ya es bastante, podría haber
dejado satisfecho a este ex trabajador de Telefónica, proveniente de
un humilde pueblo de La Mancha que, de criarse bajo la represión de
la dictadura franquista, pasó a transformarse casi de la noche a la
mañana, en uno de los directores europeos más celebrados
internacionalmente.
Pero mucho cuidado para los que creen reconocer en
Almodóvar una excéntrica celebridad propensa al más frívolo glamour
o llamar siempre la atención sobre sí mismo. Sépase que ese
irreverente y carismático personaje que de vez en cuando acapara la
atención de los medios, ha dado irrefutables pruebas de ser, por
encima de cualquier otra cosa, un artista de sólida formación
humanista, poseedor de una sensibilidad delicada y que ahora empieza a
aflorar con naturalidad sobrecogedora. En ese sentido, sus dos últimas
películas constituyen un auténtico descubrimiento, una evolución a
pasos agigantados que ningún amante del cine debería dejar pasar
inadvertido.
Almodóvar se ha reinventado a sí mismo como autor
tragicómico de lo insólitamente emotivo, ha revigorizado su pasión
por los personajes de carne y hueso, ha renovado con valentía el
compromiso de dirigirse en primera persona y con ello ha salvado quien
sabe si algo más que su carrera. A quienes ejercemos la crítica, nos
consigna tomar nota que el cine español cuenta en sus filas con un
perfeccionista de primer orden cuyas mejores obras pueden medirse en
complejidad y belleza con las de sus compatriotas Víctor Erice
o Luis Buñuel. Así de poderosas son Todo
sobre mi madre y Hable con ella,
ésta última confirmación de una línea ascendente en la filmografía
de Almodóvar, quien a base de sacrificio, imaginación y mucha
templanza, ha alcanzado para su cine esa esencialidad propia únicamente
de los grandes maestros.
Hable
con ella es,
en muy pocas palabras, la aproximación introspectiva a Benigno,
un extraño y fascinante personaje el cual da vida de forma
admirable el actor Javier Cámara. Benigno dedica su tiempo completo
al cuidado de Alicia (Leonor Watling), una joven bailarina
convaleciente en coma producto de un accidente. Pero ese estado
vegetativo no será obstáculo ni impedimento para que Benigno
establezca una relación estrecha con ella. De algún modo Benigno
asume que entre los dos tiene lugar una historia de amor secreta y
platónica que tiene su origen en un fugaz encuentro del pasado, hecho
que corrobora la personalidad obsesiva del protagonista, un inofensivo
enfermero cuya conducta escapa lo convencionalmente “normal”.
Lo
más interesante del caso es que Almodóvar no observa ni juzga a sus
personajes desde un ángulo psicológico sino que mas bien se muestra
comprensivo con los desvaríos románticos de ese gentil y divertido
hombrecillo al que no gratuitamente ha bautizado como Benigno. Desde
la intimidad del cuarto de una clínica -visualizado en
desacostumbrados colores cálidos, tratándose de un recinto asociado
con la enfermedad y la muerte-, Benigno no parece necesitar nada más
que la compañía de Alicia para sentirse en paz y alivianar, al menos
temporalmente, esa carencia afectiva que la pérdida de su madre había
dejado. Por cierto que el personaje de la madre está físicamente
ausente durante toda la película, en contraposición al de Alicia, un
hermoso cuerpo desconectado de la mente y privado de sensaciones, pero
al que Benigno intenta humanizar con mucho candor y ternura maquillándola
o cortándole el cabello, por ejemplo.
Es en el
tercer acto que la trama toma un vuelco insospechado que nos
introduce a un aspecto inquietante de la obra y que hasta
entonces sólo se había filtrado soterradamente. Profundamente
conmovido por una vieja película muda (la apócrifa y notable
“Amante menguante”), Benigno vislumbra la posibilidad de consumar
físicamente su fascinación por Alicia. Esta reacción sorprende
debido a la ausencia de libidinosidad en la construcción del
personaje quien incluso demuestra, casi orgullosamente, una
exterioridad andrógina, muy bien registrada en el sutil amaneramiento
que el descollante Javier Cámara imprime a cada uno de sus gestos. En
realidad, lo que para Benigno está en juego, antes que la posesión
forzada del cuerpo inerte de Alicia, es un deseo irracional por
satisfacerla (y satisfacerse) sexualmente, tal como le correspondería
a cualquier otra pareja de amantes. Aún en esas circunstancias,
extremas e insondables, no llega a manifestarse un solo atisbo de
maldad o lascivia sobre el rostro de Benigno quien, por primera y única
vez, siente inseguridad y temor de sus propias acciones.
De
allí en adelante cobrará especial relevancia su amistad con Marco
(Darío Grandinetti), confidente y compañero de tribulaciones cuyo
aprecio irá conquistando en intenso crescendo dramático que conocerá,
por lo menos, dos clímax memorables, que son de lo más conmovedor y
sincero que haya filmado Almodóvar. Respecto a Marco, escritor de
semblante viril y mundano, cabe añadir que cumple funciones de guía
terrenal o puente que conecta al espectador con ese tristísimo
universo trastocado por la soledad y la locura. La audacia narrativa
de Almodóvar conoce en Hable con ella
el máximo acoplamiento entre una estructura no lineal o fragmentada y
su voluntad por plasmar las paradojas del destino dentro de una
dramaturgia consistente . La travesía de Marco (víctima reincidente
en asuntos sentimentales) es paralela a la de Benigno y de ese
contacto resultará una identificación impensada, una compenetración
liberadora. El tema de la película será entonces el de la
incomunicación, presentado como un purgatorio hermético y personal,
al que hombres y mujeres acuden a refugiarse hasta que un día el amor
los encuentre y traiga de vuelta a la vida.
Escrito
por : Claudio Cordero
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A PROPÓSITO DE
“OJOS QUE NO VEN”
Francisco Lombardi vuelve a ser actualidad con su primer largometraje
desde Tinta
Roja, esta vez con un proyecto que se perfilaba ambicioso desde el inicio. Ojos
que no ven es el título que lleva este filme coral grabado en imagen digital de
alta definición, y que nos permite revisar la figura de su creador,
el más prolífico y celebrado de su generación.
por Claudio Cordero
Empecemos poniéndonos de acuerdo en que la historia
del cine peruano está constituida por películas que oscilan entre el
error y el desastre. El tacneño Francisco Lombardi siempre fue
constante en lo primero, regularidad que le ha bastado para sacarle
varios cuerpos de ventaja a sus más cercanos competidores (Augusto
Tamayo, Felipe Degregori, Alberto Durant). Pero eso no es todo.
Lombardi –una de las plumas más incisivas de Hablemos
de cine, después de todo- también cuenta en su haber con un par
de cintas acertadas e interesantes, según los críticos “las
mejores”. Me refiero por supuesto a La
boca del lobo y Bajo
la piel, dos aplicados ejercicios de género que condensan
todas las virtudes de su cine: fluidez narrativa, competencia en todos
los departamentos técnicos, además de una dirección de actores
atenta y disciplinada. Agregaré algo más sobre Bajo
la piel: aquel era un thriller policial inteligente y
elegante, con momentos de tensión e incertidumbre moral plenamente
logrados. En este breve recuento no podríamos olvidarnos de Los
amigos, su decisiva contribución al filme de episodios Cuentos
inmorales, probablemente los treinta minutos mejor
empleados por el cine peruano. Puedo afirmar que si desapareciésemos
estos tres títulos de la memoria cinematográfica del país, ésta
quedaría considerablemente diezmada. Así es como están las cosas y
de nada serviría engañarnos. Como lo dijo Armando Robles Godoy con
extraordinaria franqueza, “si tú desapareces de la cultura peruana
toda la cinematografía, no pasa nada” (1).
Lejos de pretender restarle méritos a Lombardi, en
verdad no somos pocos los que reclamamos la existencia de un cine
radicalmente distinto al que nos ofrecen sus películas. En Godard! pensamos que el Perú sigue necesitando de un cine
reflexivo que se aleje en lo posible de lo anecdótico y tenga como
punto de partida su propio subdesarrollo. Pero Francisco Lombardi
nunca compartió esta visión y estaba en su derecho, quizás porque
esa inquietud jamás formó parte de su sensibilidad (2).
Definitivamente el futuro productor de Ciudad
de M y La
fuga del chacal estaba demasiado ocupado labrándose una
carrera como realizador en un entorno donde aquello era casi
imposible. Sin embargo tuvo criterio y perseverancia, sus trabajos
fueron creciendo en calidad y todos supieron reconocerlo sin
mezquindad. Había un progreso a la vista.
Eso
fue hasta Bajo
la piel, seis años atrás.
Luego de adaptar desganadamente a Jaime Bayly, Mario
Vargas Llosa, y Alberto Fuguet, Lombardi decidió retomar la veta
personal de Caídos
del cielo y Sin
compasión. Ambas experiencias, como todos lo sabemos,
fueron considerablemente fallidas pero de alguna forma constituían
apreciables intentos de búsqueda expresiva, sobre todo en el caso de
la primera. Así es como llegamos a Ojos
que no ven, película que quizás no sea la peor que haya
hecho (Muerte
de un magnate y Pantaleón
y las visitadoras me siguen pareciendo insuperables),
aunque sí la más lamentable de todas. Es impactante constatar que el
director peruano de mayor notoriedad internacional haya sido incapaz
de resolver, aunque sea decorosamente, un desafío tan grande como el
que aquí se le presentaba. Y es que, a diferencia de propuestas
evasivas como las recientes e ingenuas Django,
la otra cara, El
forastero y Muerto
de amor, este fracaso no puede ser tomado a la ligera o
contemplado desde una cómoda distancia analítica. Si nuestra
perspectiva alcanza para avizorar más allá de la cinefilia enciclopédica,
podremos llegar a la conclusión que Ojos
que no ven supone un durísimo golpe para el cine nacional
en su anhelo de constituirse en una herramienta constructora e
integradora de identidad cultural. No sólo porque su realización es
deficiente sino, principalmente, porque su representación fílmica de
la realidad es maniqueísta y artificiosa. Sencillamente la
cinematografía peruana demostró no estar a la altura de un momento
histórico concreto, hecho bastante significativo y que desnuda sus
gravísimas deficiencias conceptuales.
En lugar de enriquecer la coyuntura que pretende
retratar, lo que hace el filme es banalizar los acontecimientos,
aludiendo a sus rasgos más exteriores (3). A eso se llama
simplificación. Sus defensores dirán que hay que apreciarla como una
plasmación coherente de la psiquis o estado de ánimo de la población
limeña ante la tempestad desatada por los “vladivideos”. Pero si
su lectura de la crisis política del fujimorato no es particularmente
perspicaz ni inteligente, entonces ¿qué podrá decirnos sobre las
personas que vivieron esta experiencia en carne propia? Obviamente,
nada sustancial. Me temo que tanto Lombardi como la guionista Giovanna
Pollarolo se han dejado ganar por lo más fácil. La truculencia y la
parodia gruesa se alternan de una historia a otra.
Ni siquiera se han preocupado por averiguar quienes son esas
personas (o mejor dicho, caricaturas) que utilizan como si fueran
fichas de juego de mesa, moviéndolas de un lado a otro para que
concurran, a como de lugar, en un hospital despojado de personalidad,
un decorado miserabilista al uso. Los resultados vienen a confirmar
que el oportunismo nunca ha sido el mejor aliado del arte, categoría
a la que Ojos
que no ven sin duda pretendía arribar en base a
formalismos y citas a una supuesta poética “personal” empeñada
en aglomerar personajes y situaciones reconocibles hasta la obviedad
(4).
Desde luego que el olfato comercial de Lombardi ha
jugado siempre un rol fundamental en la confección de su filmografía,
la misma que está compuesta por vehículos ideales para respaldar su
fama de autor cáustico y desencantado de la sociedad peruana. Esta
formula ya no seduce porque, a medida que Lombardi ha accedido a
mejores condiciones de realización,
sus obras se han afianzado en su autocomplacencia burguesa: la mirada
crítica está subordinada a los valores de producción, el
conservadurismo de la puesta en escena delata apatía por revelar
emociones auténticas, por llegar al fondo de las cosas. Lo único que
le importa es la ilustración mas o menos verosímil, la apariencia de
que el conjunto sea funcional y homogéneo. No es un cine de ideas ni
de sentimientos sino de fingimientos, acomodaticio. No hay mejor
prueba de ello que su pose ejemplarizante, su reprimenda oportunista
hacia una problemática compleja para la cual no tiene fuerzas ni
ganas de explorar.
Ojos
que no ven no pretende quedar mal con nadie; quiere
dejarnos con la conciencia tranquila porque el corrupto ha sido señalado,
escarmentado y confinado al aislamiento. Para la próxima vez,
Francisco Lombardi debería ocuparse de algo que realmente
sea de su interés y conocimiento. Su experiencia no puede ser
desaprovechada en momentos
que el cine nacional atraviesa por una severa crisis creativa que
parece no acabarse. Haciendo las cuentas, es muy poco lo que hemos
avanzado en los últimos veinticinco años, al menos lo que respecta
en actitud para afrontar el reto de hacer cine en este país.
Esperemos que Lombardi se dedique a lo que mejor sabe hacer y recupere
pronto la energía de épocas anteriores, quizás inspirado por lo que
puedan estar haciendo los jóvenes. Depositemos nuestra esperanza en
que los cineastas peruanos del mañana sabrán hacerle la competencia,
sin miedos ni complejos ya que, por ahora, sus películas han dejado
de servir como modelo y, en
consecuencia, han perdido cualquier utilidad.
1)
Revista La Gran Ilusión Nº 6. Lima: Fondo Editorial de la
Universidad de Lima. p.105.
2)
Dice Lombardi: “Los cineastas (peruanos) que deseen decir cosas muy
personales y dirigidas a un auditorio pequeño deben guardar por ahora
sus proyectos para épocas mejores”. En Hablemos de Cine Nº 77.
Lima. 1984. p.23.
3)
La difusión de los primeros vladivideos, el descubrimiento de cuentas
bancarias en el extranjero, la designación de Valentín Paniagua como
presidente de la república, el regreso al Perú de Alan García, etc.
4)
El argumento de que Ojos
que no ven es una summa
de motivos “lombardianos” parece ser un intento por cimentar
su fama de autor consagrado; estatus inmerecido si nos remitimos
estrictamente a las películas que ha dirigido. Incluso la muy
estimable Bajo
la piel es sólo un esbozo de cine personal que
lamentablemente no ha sido continuado.
"Godard!
Revista de Cine" E-mail:<godardperu@hotmail.com>
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